Cómo yoga ayuda en la autorregulación fisiológica

Sat Bir Singh Khalsa, Ph.D.

 

El contraste entre el oriente y el occidente proporciona un estudio fascinante sobre la diferencia en la percepción y entendimiento de la naturaleza del mundo.

El origen y desarrollo de las prácticas contemplativas del yoga y de la meditación se remontan a la más temprana de las civilizaciones orientales, y el oriente está profundamente imbuido de una veneración por el valor de las experiencias internas más profundas.

La cultura occidental, por otro lado, se ha desarrollado por la influencia del método científico en la comprensión del mundo físico, descubriendo de manera sistemática y precisa las leyes físicas subyacentes del Universo.

Las primeras investigaciones sobre el yoga y la meditación se caracterizan por el contraste oriental/occidental, reflejado por la marcada diferencia entre la naturaleza tecnológica, reduccionista de la investigación científica del occidente y de la naturaleza holística, integradora y unitiva del yoga.
La primera investigación científica biomédica sobre el yoga fue realizada por investigadores indios en institutos de la India. En la década de 1920, Swami Kuvalyananda fundó el Instituto de Yoga Kaivalydhama en Mumbai y la revista de investigación de yoga Yoga Mimamsa (siguen activos hoy en día) y así comenzaron las investigacones sobre prácticas específicas de yoga. En la portada del primer número de Yoga Mimamsa de octubre de 1924, proféticamente escribió:

Los yoguis, desde Patanjali, el máximo exponente del yoga, sabían cómo inducir las etapas espirituales más elevadas.
Sin embargo, dado que las ciencias objetivas no se desarrollaron hasta mucho después, no fue posible llevar a cabo experimentos sobre estas etapas; y, aunque últimamente se ha dado un avance sorprendente en las ciencias modernas, la tendencia exclusivamente materialista de estas y la tendencia igualmente exclusiva espiritual de los yoguis han resultado en un completo y desafortunado divorcio entre las dos escuelas de pensamiento. El [instituto] Kaivalyadhama está ansioso por unir estos elementos y producir resultados que lleven a la realización del ideal indicado anteriormente.

EL Yoga-Mimansa Quarterly publicará investigaciones del Asrama Kaivalyadhama. Los trabajadores de este Ashram están abordando, de acuerdo con los métodos científicos modernos, la gran cultura yóguica de la India en sus diferentes aspectos. Por lo tanto, nada que no haya sido comprobado clínicamente o en el laboratorio aparecerá en las páginas de esta publicación periódica. Nadie puede predecir qué verdades serán reveladas por estas investigaciones. Pero parece muy probable que el trabajo de investigación del Ashram enriquezca el campo de la fisiología, la sicofisiología, la terapéutica, la cultura espiritual y física, etc. Años de trabajo en sicofisiología pueden ayudar a los académicos a resolver algunos de los problemas más difíciles del pensamiento filosófico.

Teniendo en cuenta que el crecimiento exponencial muy reciente en la medicina integrativa y la investigación del yoga en la última década, está claro que Kuvalyananda fue un visionario muy por delante de su tiempo. Sus primeras investigaciones en Kaivalyadhama incluyeron mediciones de rayos X y presión de los ejercicios abdominales yóguicos nauli y uddiyana y los efectos de la presión arterial de las posturas yóguicas.

Estudios posteriores en la década de 1950 examinaron los cambios en el intercambio de gases y presión atmosférica que ocurren durante las prácticas de pranayama.

Uno de los estudiantes de Kuvalyananda, K.T. Behanan, realizó estudios sobre pranayama como investigador en la Universidad de Yale en la década de 1930, que fueron publicados en revistas biomédicas estadounidenses y su libro Yoga: Sus Bases Científicas (Yoga: It’s Scientific Basis) en 1937.
Aparte de la investigación de Kaivalyadhama, en el transcurso de las 3 décadas desde 1930 hasta la década de 1950, solo hubo un puñado de otras iniciativas de investigación del yoga que fueron publicadas.

En una de las primeras instancias de investigación sobre el yoga con fines terapéuticos, se publicó un breve informe alemán publicado en 1933 que evaluaba tratamientos de yoga en 42 sujetos con estreñimiento y que demostraba una recuperación completa o una mejora notable en 28 de ellos.

En los Estados Unidos, un médico de Minneapolis descubrió los beneficios de la respiración profunda para el tratamiento de la angina de pecho en sus pacientes, llegando a la conclusión, después de comunicarse con yogui Paramahansa Yogananda, que se trataba de una práctica basada en el yoga, y la llamó práctica de “respiración atenta” en un informe de series de casos publicado en 1948.
Los primeros informes de los últimos 3 siglos escritos por viajeros y escritores occidentales describieron las hazañas de expertos maestros yoguis y “faquires” para alterar dramáticamente su funcionamiento corporal y psicológico. Estos yoguis podrían supuestamente sobrevivir a un entierro subterráneo prolongado, soportar el dolor, detener la actividad de su corazón y lograr profundos estados alterados de conciencia. Estos informes indican habilidades o destrezas especiales desconocidas para la ciencia médica, que alcanzaron el interés de varios científicos occidentales.

En 1851, un cirujano de regimiento en Benarés llamado N.C. Paul, que había estudiado y practicado yoga durante 35 años, publicó el libro Tratado sobre la Filosofía del Yoga (Treatise on the Philosophy of Yoga) en el que analizaba la biología del intercambio gaseoso y del metabolismo aparentemente involucrado en la hazaña yóguica de sobrevivir un entierro subterráneo prolongado y también trató de abordar la relación entre la frecuencia de la respiración y los estados de conciencia yóguicos. Sin embargo, esta obra no involucró ninguna experimentación o mediciones reales, por lo que fue más un documento de hipótesis que un informe de investigación.
Casi un siglo después, los fisiólogos occidentales fuera de la India viajaron a la India con un equipo de grabación portátil para investigar estas afirmaciones.

Therese Brosse, una cardióloga francesa que era becaria de la Facultad de Medicina de Harvard, llegó a la India en 1935 para investigar la afirmación de que los yoguis expertos podían detener los latidos de su corazón. Aunque el estudio que publicó no fue del todo convincente con respecto a la capacidad de detener por completo el ritmo cardíaco, sí mostró que estos practicantes tenían la capacidad de disminuir sus ritmos cardíacos sustancialmente, lo que sugiere que podrían controlar la inervación autónoma del corazón.

Un informe de 1950, en la prestigiosa revista médica británica Lancet, describe un relato atestiguado de la supervivencia de un yogui en una cámara subterránea sellada durante más de 3 días. También en la década de 1950, los investigadores franceses Das y Gastaut informaron los resultados de los registros electroencefalográficos que mostraron cambios discretos y profundos en las ondas cerebrales durante el profundo estado meditativo de Samadhi, que también se asociaron con cambios marcados en la frecuencia cardíaca.

Tal vez el mejor estudio de este tipo fue el clásico informe “Correlatos electrofisiológicos de algunos ejercicios de un Yogui” publicado en 1957 por Basu Kumar Bagchi, profesor de la Universidad de Michigan y amigo de la infancia de Paramahansa Yogananda, y de Marion A. Wenger, psicólogo de la UCLA. Pasó 5 meses viajando por la India buscando maestros de yoga y hombres santos y describieron sus desafíos en ese documento: “Decenas de informantes y sujetos yóguicos fueron contactados personalmente en 17 lugares en diferentes partes de la India, además de llevar a cabo un volumen grande de correspondencia en Estados Unidos y en India. Muchas de las pistas sobre los yoguis resultaron improductivas. Muchos yoguis no estaban interesados, y no cooperaban. Muchos no pudieron ser contactados. Parece que se necesitaron más tiempo, esfuerzo, viajes y gastos de lo que se consideraría justificado en una aventura como esta.” Las grabaciones con sus equipos portátiles de registro electrofisiológico demostraron que estos yoguis tenían una disminución marcada de la frecuencia respiratoria, una capacidad de ralentizar frecuencia cardíaca y una relajación profunda del sistema nervioso autónomo.
El valor clave de las primeras investigaciones sobre el yoga fue en sacar a la luz la posibilidad de la autorregulación de las funciones fisiológicas internas a través de prácticas yóguicas, una construcción que fue novedosa para la psicofisiología y la medicina modernas convencionales.

Estos primeros hallazgos sobre habilidades autorreguladoras inspiraron investigaciones aceleradas en la década de 1960 y posteriores, y han resistido la prueba del tiempo tras haber sido repetidos y confirmados por los resultados de muchos estudios de investigación modernos posteriores sobre yoga, meditación y otras prácticas contemplativas y mente-cuerpo.

La autorregulación fisiológica y psicológica, especialmente afrontando el estrés y la resiliencia (y control del sistema autónomo y del eje suprarrenal hipotalámico hipofisario) y la regulación emocional, ahora representa uno de los resultados más importantes de la práctica de yoga y tiene enormes implicaciones para mejorar el funcionamiento humano y sintomatología de la enfermedad.

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